• Edgar Ecace

La Ouija



El nombre "Ouija" proviene de la combinación de las palabras Oui y Ja, que significan Si en francés y alemán respectivamente, y no tienen ningún otro significado místico.

Si nos vamos a una de las civilizaciones más avanzadas de esa época, nos encontramos, y gracias a una tabla que se conserva en el Museo Egipcio de Rosacruz en California, con que los egipcios contaban con "La Tabla de Senet", una tabla en la que hay dibujos que representan a difuntos jugando con personas vivas por lo que, según actuales estudios, se interpreta que esta tabla es una derivación de un juego de mesa infantil que fue adaptada para poder comunicarse con el "Más Allá". Ya sabemos de la creencia y el respeto que tenía esta civilización por la vida después de la muerte.


La segunda mitad del siglo XIX fue la época dorada de las artes ocultas. Entre las clases adineradas y quienes marcaban la moda se introdujeron las practicas espiritistas, y las mesillas de té se convertían rápidamente en superficies desde las que invocar a los difuntos y abrir portales con el más allá (o al menos, eso se suponía).

Los medios eran variados, y entre los más habituales se encontraban las "tablas parlantes", que permitían la fácil comunicación con los espíritus, y que algunos pretendían atribuir a los egipcios. A mediados de siglo, el francés M. Planchette ya había diseñado el primer modelo reconocible, un tablero con un puntero al que se le aplicaba un lápiz que escribía las respuestas al deslizarse.


Orígenes remotos Las primeras menciones a la escritura automática por medio de tablilla aparecen en la China de la dinastía Song, allá por el año 1.100 antes de Cristo. Sus practicantes se referían a él como "Fuji", y consistía en dejar que fuerzas misteriosas (lo más común era creer que se trataba de espíritus, como tantas otras cosas en el taoísmo) guiaban el palo encargado de trazar caracteres sobre arena o ceniza. Algunos de los cinco mil textos sagrados que forman el Daozang se creen escritos mediante esta suerte de trance mediúmnico. El método se fue sofisticando con el paso de los siglos, hasta que la dinastía Qing se cansó de él allá por el siglo XVIII y prohibió todo contacto con el Más Allá a través de la escritura. Por suerte para los espíritus, parecía que Europa y Estados Unidos iban a mostrarse más receptivos con sus mensajes.

Así, no es de extrañar que, en la tierra del derecho de patentes alabado por Lincoln, apareciera un emprendedor que inmediatamente vio la oportunidad de negocio.



Elijah Bond era un veterano de la Guerra de Secesión, donde luchó con los confederados. Había nacido en 1847 en Maryland, era masón, y el 28 de mayo de 1890 presentó la primera patente conocida de lo que pronto sería universalmente conocido como "ouija" (no está claro el origen del nombre; la explicación más extendida, que sería la unión de las formas francesa y alemana de decir "sí", tiene sin embargo muchos detractores), patente que le fue concedida el 10 de febrero de 1891.


https://www.elespanol.com/cultura/historia/20170526/218978510_0.html


El experimento Bayou

En un experimento realizado por el profesor de secundaria Larry Bayou, en el cual los participantes no veían las letras que señalaban, no se formó ni una sola palabra coherente en el tiempo que duró la prueba. Esto demostraría que son los participantes quienes realmente crean las palabras (ya sea de manera voluntaria o inconsciente), y que por lo tanto necesitan ver el tablero.

Esto da pie a la teoría de la acción ideomotriz, es decir, el movimiento del vaso (o pieza que sirva de marcador o puntero) se lograría mediante pequeñas presiones de los dedos de cada participante. ​


Religión[

Desde el punto de vista religioso, la crítica apunta no a la falta de efectividad del tablero güija, sino precisamente a su efecto. Según algunas corrientes religiosas, jugar al tablero güija equivale a dar paso a entidades sobrenaturales malignas del más allá, que pueden causar daño a los jugadores.


Cristianismo

La postura católica oficial es que, más allá de los efectos peligrosos de esta y otras prácticas (espiritismo, adivinación, hechicería), las mismas son contrarias al respeto que se debe tener a Dios porque «encierran una voluntad de poder sobre el tiempo, la historia y, finalmente, los hombres, a la vez que un deseo de granjearse la protección de poderes ocultos» (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2.116).

El exorcista José Antonio Fortea, en su libro "Summa Demoníaca", afirma que en la mayor parte de los casos de posesión demoníaca se producen tras participar en ritos esotéricos como la ouija, espiritismo, macumba, vudú, etc.


Judaísmo

Los judíos creen que el contacto con un el espíritu de una persona muerta, si fuera posible, interferiría en su relación con Dios. El uso de la güija, por tanto, es considerado un asunto seriamente negativo (aunque fuera por el intento de hacerlo)



Ouija en la Casa Blanca Durante la década de 1840, era normal que las casas respetables de la alta sociedad parisina organizaran una sesión de espiritismo el sábado por la noche y acudieran a misa el domingo por la mañana. La fiebre por el contacto con el otro lado cruzó el océano en 1848, cuando las hermanas fox se empezaron a recorrer la ciudad de Nueva York con sus escandalosas séances. Prácticamente el catálogo completo de sustos fáciles que después aprovecharía el cine de terror (golpes en las paredes, luces que se apagan súbitamente, posesiones transitorias) fueron inventados por estas distinguidas damas, que más tarde confesaron haber fingido todo el tiempo. Pero lo cierto es que Norteamérica quería creer: con una esperanza de vida no muy superior a los 50 años, una asistencia sanitaria aún peor que la actual (sí, eso es posible), un número espeluznante de muertes durante el parto o la infancia y la sombra de la guerra civil reclamando las almas de los más jóvenes, la necesidad de seguir en contacto con los seres queridos era acuciante, casi un mecanismo de defensa psicológico. Está comprobado que incluso Mary Todd Lincoln organizaba sesiones espiritistas en la Casa Blanca para contactar con su hijo de once años, víctima de una fiebre en 1862. ¿Una casa poseída sería mejor que una casa dividida?


El modo de vida más allá de la muerte americana: Durante la primera mitad del siglo XX, era normal que una reunión social acabase con una pequeña partida de ouija a la luz de las velas. Las dos guerras mundiales popularizaron su uso como herramienta de contacto con los fallecidos en el campo de batalla, pero la popular espiritista Pearl Curran también empezó a referirse a ella como un medio para adivinar el futuro (al parecer, los espíritus también conocían el porvenir). La mayor prueba de su aceptación popular como simple y entretenido pasatiempo quizá sea la ilustración que Norman Rockwell, el padrino del proverbial espíritu americano, le dedicó para el 'Saturday Evening Post'. En un episodio de 'Te quiero, Lucy' titulado, precisamente, 'The Séance', el matrimonio protagonista organiza una sesión de ouija con un productor teatral empeñado en volver a contactar con su perrita fallecida. Y eso por no hablar de la cantidad de libros que sus autores afirmaron haber escrito gracias a la tabla encantada, en un proceso que sólo podemos imaginar como dolorosamente lento... En cualquier caso, la autora nominal de la novela 'Jap Herron', publicada en 1917, aseguró a todos que le fue dictada por el mismísimo Mark Twain. Y así era como todo el mundo se divertía con la ouija... hasta que llegó el cine y lo estropeó todo.


https://www.fotogramas.es/noticias-cine/a3989653/una-historia-secreta-de-la-ouija/

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