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La Leyenda de la Llorona


Hace muchos años, en un pueblo remoto de América Latina, vivía una hermosa mujer llamada María. Su belleza era conocida en toda la región, y su cabello oscuro y ojos profundos eran la envidia de todas las mujeres. Pero lo que más valoraba María en su vida eran sus dos pequeños hijos, a quienes amaba con todo su corazón.


Un día, su felicidad se desmoronó cuando su esposo la abandonó por otra mujer más joven y atractiva. María, llena de ira y desesperación, sintió que su mundo se derrumbaba. La tristeza la consumía día y noche, y sus hijos se convirtieron en su único consuelo.


Un atardecer sombrío, mientras paseaban cerca de un río tranquilo, María fue presa de un arrebato de locura. Sintió una oleada de rabia y amargura hacia sus hijos, a quienes consideraba un recordatorio constante de la traición de su esposo. En un acto de locura y desesperación, María arrojó a sus hijos al río, donde las oscuras aguas los envolvieron y los llevaron lejos de ella.


Tan pronto como cometió el espantoso acto, María se dio cuenta de la enormidad de su tragedia. Corrió hacia el río, gritando y llorando, tratando desesperadamente de salvar a sus hijos. Pero ya era demasiado tarde, y sus lágrimas se mezclaron con el agua que se llevó a sus seres queridos.


La culpa y el remordimiento consumieron a María. Pasó sus días y noches vagando por las calles y los bosques, vestida de blanco, con el cabello desaliñado y los ojos inyectados en lágrimas. La gente del pueblo comenzó a escuchar su lamento desgarrador en las noches oscuras, un lamento que helaba la sangre de quienes lo oían. La llamaron “La Llorona”, la mujer que llora.


Se decía que La Llorona continuaba buscando a sus hijos perdidos, arrastrando a cualquier niño que se cruzara en su camino, en un intento desesperado de reemplazar a los suyos. Su presencia era temida por todos, y nadie se atrevía a salir por la noche cuando sus lamentos se hacían audibles.


La Leyenda de La Llorona se transmitía de generación en generación, como una advertencia a los niños para que se mantuvieran alejados del agua durante la noche y como un recordatorio espeluznante de las terribles consecuencias de la locura y la desesperación. Y así, La Llorona se convirtió en una figura tenebrosa que acechaba en las noches oscuras, llorando eternamente por sus hijos perdidos, una leyenda que atormentaba los sueños de quienes la oían.

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